viernes, 15 de julio de 2016

La Sintesis Imperial: una critica al planteamiento de Trigger (1992)

Datos de la autora: 
Katherine L. García 
Estudiante de Licenciatura en Arqueología 
San Salvador, 2016

Durante muchos años, el estudio del ser humano ha ido cambiando y creciendo con los aportes de diferentes científicos, uno de estos grandes aportes fue el de la evolución propuesta por Charles Darwin en 1859 y cuyas investigaciones fueron el impulso de muchos científicos como John Lubbock quien consideraba la evolución cultural unilineal.
Si bien, considero que la evolución cultural es un hecho pues como seres humanos estamos constantemente cambiando nuestra cultura, descarto el que esta evolución sea unilineal pues cada una de las personas y sociedades realizamos este cambio o evolución cultural en el que cada cultura es producto de una secuencia única de desarrollo por lo que la evolución cultural debería ser multilineal pues no siempre se puede observar el mismo resultado ante una práctica cultural debido también a que las condiciones sociales de cada grupo e incluso de cada persona no son uniformes.
Lubbock (citado en Trigger, 1992) toma el trabajo de Darwin y plantea que como consecuencia de la selección natural, los grupos humanos nos diferenciamos no solo culturalmente sino también en cuanto a nuestra capacidad biológica para manejar la cultura; Lubbock planteaba también que la población europea es cultural, emocional e intelectualmente más avanzada y utilizaba la selección natural como justificación de la desigualdad social.
En mi opinión, Lubbock transformó los aportes de Darwin en algo influenciado por sus prejuicios, orgullo y desprecio hacia otras civilizaciones por lo que sus aportes carecían completamente de objetividad y perdieron el enfoque científico que poseía la evolución de Darwin.
Este sentimiento de Lubbock hacia grupos no europeos se reflejo también al afirmar una deficiencia moral en grupos determinados que agredían a niños, asesinaban a personas de la tercera edad, practicaban sacrificios humanos o que comían carne humana, por lo que no tuvo en consideración tampoco el relativismo cultural al momento de plantear sus estudios y no dio mayor información sobre estos grupos.
Ahora bien, pienso que biológicamente, existe una diferenciación étnica o “racial” pero esta diferenciación se limita a aspectos como el color de ojos, cabello, piel y otros rasgos físicos que pueden observarse a simple vista y debo incluir la morfología ósea entre estas diferenciaciones biológicas, pero en cuanto a órganos, sus funciones, capacidades o disfuncionalidades, no considero que exista una diferenciación y como fundamento está el hecho de que incluso previo a la llegada de grupos europeos a América, se contaba con elementos como calendarios, numeración e incluso astronomía y medicina; es más incluso se conocían muchas cosas que previamente se desconocían y en contraste con lo planteado por Lubbock debo afirmar que se contaba con tecnologías tanto que se conocían como se desconocían en Europa como por ejemplo el manejo del oro.
Asimismo, opino que estas diferenciaciones biológicas son determinadas por factores tanto externos como el medio ambiente y factores internos como las costumbres y tradiciones y esto podemos verlo reflejado en la morfología ósea la cual puede ser modificada por las actividades que realicemos pero esto no debería considerarse como que influencie también nuestras capacidades de razonamiento.
Además de los planteamientos previos, me parece curioso el hecho de que Lubbock propusiera el que los europeos son más avanzados debido a su evolución cultural y biológica pues considero importante el que no se mencionara que de acuerdo a investigaciones paleo antropológicas, los orígenes del ser humano se sitúan principalmente en África por lo que siguiendo la lógica de Lubbock, ¿No deberían ser entonces los africanos los más “civilizados”?
De igual forma, otro de los elementos que Lubbock dejó de lado es el que la cultura no es innata sino que se aprende pues se define como “una construcción que describe el cuerpo total de las creencias, comportamiento o conducta, saber, sanciones, valores y objetivos que señalan el modo de vida de un pueblo.” (Marzal, 1996, pág. 196) y un elemento fácil de identificar en el que podemos observar esto es en el idioma lo cual es un constituyente significativo de una cultura.
Durante el siglo XIX, las investigaciones de Lubbock impulsaron también a arqueólogos europeos que permitieron reforzar los enfoques e interpretaciones racistas pero estas investigaciones impulsaron también a investigadores americanos para contrastar los fundamentos racistas sin embargo por mucho tiempo estos esfuerzos se vieron limitados al no poder fundamentar una evolución multilineal ni el origen de tradiciones por medio del difusionismo y es entonces cuando el trabajo de Franz Boas otorga explicaciones a muchos de estos fenómenos e impulsa el trabajo de otros investigadores (Trigger, 1992).
En conclusión, considero que las interpretaciones realizadas por Lubbock carecían de objetividad y trataron de darle una connotación errónea a la evolución planteada por Darwin pues Lubbock la aplicó para refutar su creencia de una Europa superior tomando en cuenta elementos que solo enfatizaron sus ideas y realizando interpretaciones racistas hacia ellas lo que más tarde impulsó también a políticos como Hitler y que considero que continua influenciando el pensamiento de algunos europeos por lo que investigaciones como las de Boas realmente son muy importantes y necesarias para poder refutar dicha creencia.

Referencias

Marzal, M. (1996). Historia de la Antropologia 2. Antropologia cultural. Quito: Abya-Yala.
Trigger, B. (1992). Historia del Pensamiento Arqueologico. Barcelona: Editorial Critica, S.A.



sábado, 18 de junio de 2016

El Mozote, diciembre de 1981: Un acercamiento desde la memoria histórica

Datos de la autora: 
Katherine L. García 
Estudiante de Licenciatura en Arqueología 
San Salvador, 2016
  
Entre los años de 1980-1992, en El Salvador se desarrolló una guerra civil el cual concluyo el 16 de enero de 1992 con la firma de los Acuerdos de Paz entre el Gobierno Salvadoreño y el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN). Como resultado de esta guerra, alrededor de 75000 personas fallecieron en estos 12 años. De estas 75,000 personas, alrededor de 1,000 niños, hombres, mujeres y personas de la tercera edad fueron asesinadas por fuerzas militares salvadoreñas, a principios de diciembre de 1981. Esta investigación presenta información sobre este hecho conocido actualmente como la “masacre en El Mozote” con el propósito de comprender lo sucedido durante este suceso y las repercusiones que este tuvo durante la guerra civil salvadoreña del siglo XX. Asimismo, se plantea la importancia que ha desempeñado el estudio arqueológico dentro del proceso de investigación post-guerra en El Mozote y los cantones aledaños (Martínez, 2011) (Guillermoprieto, 2012) (Ortiz-Mejia, 2015).

Guerra civil de El Salvador

Según González & Mason (2010), los inicios de la guerra civil salvadoreña se remontan a 1932 cuando la inconformidad social inicia a raíz de la Gran Depresión que afecta la economía mundial y en el caso de El Salvador, derrumba los precios del café de lo cual depende enteramente la economía salvadoreña, se empieza a desarrollar entonces una problemática social que conlleva a que en 1930 se cree el Partido Comunista de El Salvador (PCS) el cual es el primer partido político de izquierda en el país; posteriormente en 1931, se da un el golpe de Estado del General Maximiliano Hernández Martínez contra el presidente Arturo Araujo lo cual provoca a que en 1932, el PCS lleve a cabo un levantamiento campesino en contra del Estado lo cual resulta siendo una matanza de miles de indígenas, campesinos, activistas políticos de izquierda y sindicalistas.
Posteriormente, se desarrollas diferentes problemáticas sociales en el país como la primera huelga nacional de maestros en 1968 lo cual conlleva a la movilización de la sociedad civil en contra del gobierno salvadoreño desarrollándose así grupos armados de guerrilla rural y urbana (Ídem, 2010).
Con base a lo propuesto por González & Mason (2010), durante 1979 y 1981 se lleva a cabo un auge en la represión contra los movimientos sociales izquierdistas de parte del gobierno militar derechista lo cual conlleva a que en 1980, fuerzas militares asesinen al arzobispo de San Salvador, Oscar Arnulfo Romero y a que el 10 de octubre de ese año se forme el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN) quienes el enero de 1981 lanzan una ofensiva general lo cual se considera el detonante de la guerra civil salvadoreña.
A partir de esto es posible afirmar que:
La guerra civil fue el resultado de un largo periodo de exclusión social, económica y política a la que fueron sometidos grandes sectores de la población…Hubo una combinación de factores internos y externos que en los años anteriores a la guerra impidió una modernización a fondo de la política, la economía y la sociedad…Esta forma de represión extrema marco el tono en el sistema utilizado decenios después para responder a las exigencias de las organizaciones campesinas. Los militares tuvieron desde entonces un papel dominante en el gobierno nacional y en la política (Van Der Borgh, 2003, págs. 41-42).
            De esta forma, la década de 1970 fue una época de represión campesina, de conflictos por tierras, de fraudes políticos y de organización social el cual entre 1980-1982 alcanza su clímax con el asesinato de miles de activistas y simpatizantes de izquierda por parte del ejército y los escuadrones de la muerte, quienes asesinaban a cualquier persona que consideraban sospechosa de relacionarse con actividades políticas en contra del Estado (Van Der Borgh, 2003).
            Así, la violencia es utilizado como un recurso para el conflicto político lo cual conlleva a una guerra de más de diez años la cual se finaliza en 1992 con los Acuerdos de Paz entre el gobierno salvadoreño y el FMLN firmados en México tras dos años de negociación lo cual resultó en la reforma de las Fuerzas Armadas salvadoreñas, del sistema electoral y judicial, la creación de una Policía Nacional Civil y en la adopción de medidas de reforma en el campo socio económico (Martínez, 2011).

Fuerzas Armadas de El Salvador: El Batallón Atlácatl
           
El Batallón de Infantería de Reacción Inmediata (BIRI) Atlácatl, fundado el 1 de marzo de 1981 por el Teniente Coronel Domingo Monterrosa Barrios, fue un batallón militar salvadoreño que en un principio se conformó por 80 hombres seleccionados por sus antecedentes violentos o indisciplinados a quienes posteriormente se les unieron diferentes bloques de efectivos llegando a conformar así más de mil hombres quienes fueron preparados como una fuerza elite de combate cuyos oficiales habían recibido capacitación de cursos especiales de entrenamiento en países como Colombia y Estados Unidos, estos últimos siendo de gran apoyo para la capacitación de este batallón así como de apoyo de armas ya que este fue el primer grupo en recibir donaciones de fusiles de alta velocidad conocidos como M-16 (Informe de Tutela Legal del Arzobispado de San Salvador, 2008).
            Según Martínez-Pénate (2008), el Batallón Atlácatl era considerado el mejor batallón de elite de la Fuerza Armada dado a que incluso batallones como el Bracamonte, Arce, Belloso y Atonal mostraban respeto a los integrantes del BIRI Atlácatl por ser los más valientes ya que no se “corrían” y no dejaban tirado a sus compañeros en el campo de batalla.
            Dentro de las brutalidades que realizó este Batallón destacan la masacre en El Mozote ocurrida en 1981 y  el asesinato de los seis padres jesuitas de la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas (UCA) en 1989 (Cabrera, 2012).

Domingo Monterrosa
           
Nacido el 4 de agosto de 1940 en Berlín, Usulután, Domingo Monterrosa, inicio sus estudios militares en 1960 en la Escuela Militar “Capitán General Gerardo Barrios”  donde finalizo sus estudios el 12 de noviembre de 1963 siendo ascendido a Teniente lo cual le permitió para el 31 de diciembre de 1980 ser ascendido a Teniente Coronel. Posteriormente tras comandar diferentes grupos militares, paso en 1981 a ser comandante del BIRI Atlácatl, hasta 1983 cuando seria ascendido a Comandante de la Tercera Brigada de Infantería ("Domingo Monterrosa", 2011).
            Debido a que el BIRI Atlácatl era liderado por Monterrosa en diciembre de 1981, y a testimonios de personas que hablaron sobre la masacre de El Mozote presentado en libros como Luciérnagas en El Mozote (Amaya, Danner, & Heríquez, 2014) y Las Mil y una historias de Radio Venceremos (López, 2008) , se considera que Monterrosa estuvo involucrado en esta masacre.
            Esto y otras acciones de Monterrosa en contra de la guerrilla salvadoreña, provocaron que guerrilleros de la Radio Venceremos idearan una forma de asesinar al Coronel quien tenía un gran deseo de acabar con dicha radio y con Joaquín Villalobos por lo que diferentes miembros de la Radio Venceremos dentro de los cuales destacan Atilio, Luisa, Mauricio, y otros guerrilleros más idean una forma de matar al Coronel Monterrosa usando de carnada una bomba dentro de un transmisor que abandonaron conociendo que Monterrosa solía guardar “trofeos” de guerra lo que conllevo a que el coronel pensara que finalmente había capturado a la Radio Venceremos (López, 2008).
De este modo,  el 23 de octubre de 1984 fallece el Teniente Coronel Domingo Monterrosa junto a seis jefes de batallones, un periodista del COPREFA, un camarógrafo y un sonidista al ser explotado por miembros de la guerrilla el helicóptero en el cual se transportaban (Ídem).
Para el 25 de octubre de 1984, diferentes medios de comunicación internacionales daban a conocer la muerte de Monterrosa; uno de estos medios fue el periódico Español “El País” el cual afirmaba que:
El teniente coronel José Domingo Monterrosa, de 43 años, considerado como el mejor estratega del Ejército salvadoreño, murió el martes al ser derribado por la guerrilla un helicóptero militar. La emisora rebelde Radio Venceremos informó que la emboscada corrió a cargo de unidades guerrilleras especiales, infiltradas en una zona que ocupaba el ejército. Varias ametralladoras concentraron su fuego sobre el aparato cuando despegaba con jefes militares a bordo. Murieron 14 personas, entre ellas dos tenientes coroneles, dos mayores y tres subtenientes. El ejército atribuyó el hecho a fallos mecánicos, aunque no descartó que se hubiera producido por disparos de la guerrilla.

El ataque tuvo lugar a las 16.50 horas, en las cercanías de Joateca, departamento de Morazán....Monterrosa estaba convencido de que en esta ocasión había logrado acorralar a su principal enemigo, el comandante guerrillero Joaquín Villalobos, que pasa por ser el jefe militar más capaz de la guerrilla. Entre ambos se había establecido una competencia singular a lo largo de todo el escenario bélico oriental, alimentada a menudo a través de las emisiones de Radio Venceremos, que le había convertido en la bestia parda del ejército (Ceberio, 1984).

Así, Domingo Monterrosa quien para algunos era un héroe militar anti-comunista y seguramente sería presidente del país en un futuro cercano, mientras que para otros era un déspota asesino que lideraba a los “ángeles del infierno” (nombre atribuido por el haciendo referencia al Batallón Atlácatl) y quien autorizó la masacre de El Mozote, es asesinado al explotar el helicóptero en el cual se transportaba y cuyos restos caen entre Joateca y El Mozote tres años después de la masacre, lo cual se encuentra narrado entre las paginas 313-338 de “Las mil y una historias de Radio Venceremos” (Alexander, 2014) (López, 2008).

El Mozote

            Ubicado en los Municipio de Meanguera y Joateca, Departamento de Morazán, El Salvador, se sitúan los cantones de El Mozote, La Joya, Ranchería, Cerro Pando, Cerro Ortiz y el Jocote Amarillo los cuales en diciembre de 1981 fueron víctimas de una masacre de gran magnitud durante la guerra civil salvadoreña (Informe de Tutela Legal del Arzobispado de San Salvador, 2008).
            Según el Informe de Tutela Legal del Arzobispado de San Salvador (2008), esta masacre se desarrolló entre el 09 y el 13 de diciembre de 1981 y fue el resultado de un crimen de la Fuerza Armada contra comunidades de población civil en Morazán. Dentro de los principales autores de este exterminio civil se señala a los miembros del BIRI Atlácatl, con el apoyo de la Fuerza Aérea Salvadoreña, la Brigada de Artillería “Teniente Coronel Oscar Osorio”, el Centro de Instrucción de Comandos de la ciudad de San Francisco Gotera y la Tercera Brigada de Infantería de San Miguel. Asimismo, se señaló específicamente al Teniente Coronel Domingo Monterrosa Barrios, al Capitán Salazar y al Mayor Cáceres Cabrera como principales dirigentes de la masacre.
            Dado a que de las mil víctimas aproximadas de esta masacre, alrededor de 400 se localizaron en El Mozote o a que la única testigo visual, Rufina Amaya, superviviente que escapo de los soldados en El Mozote, se tiende a hacer referencia a esta masacre como la “Matanza de El Mozote” a pesar de que la masacre se desarrolló también en cantones aledaños a este cantón (Ídem) (Binford, 1996).
            Según Binford (1996), la matanza se llevó a cabo entre el 11 y 13 de Diciembre fechas que también se presentan por Rufina Amaya en su relato de lo ocurrido en el libro “Luciérnagas en El Mozote” (Amaya, Danner, & Heríquez, 2014).
            Debido a ello, es posible afirmar que el operativo denominado “Operación Rescate” se desarrolló entre el 09 y 13 de diciembre pero que la matanza se desarrolló entre el 11-13 de ese mes.
            El mencionado operativo recibió diferentes nombres como “Operación Rescate”, “Yunque y Martillo” e incluso actualmente se le conoce como “Operativo militar de exterminio” y estaba integrado por diferentes tropas de la Fuerza Armada de El Salvador haciendo un total de alrededor de dos mil hombres (Informe de Tutela Legal del Arzobispado de San Salvador, 2008).
            Ahora bien, mucho se ha discutido sobre lo que motivó a la Fuerza Armada a llevar a cabo esta matanza. Para Rufina Amaya (Amaya, Danner, & Heríquez, 2014), quien para la época de la masacre tenía 38 años y vivía con cuatro de sus hijos y su esposo, uno de sus vecinos, Marcos Díaz había sido informado por un soldado un par de días antes de la masacre sobre la llegada de los soldados quienes iban en busca de los guerrilleros y deseaban “limpiar” la zona para la protección de la población. Este mismo soldado prometió que no se le haría daño a la población y les advirtió que si abandonaban sus hogares y huían, los soldados pensarían que eran guerrilleros o colaboradores con la guerrilla por lo que a pesar de que una pequeña parte de la población abandono el caserío, una gran parte de ella se quedó en el lugar.
Asimismo, esto incentivó a que pobladores de los caseríos vecinos buscaran protegerse en El Mozote pues consideraban que allí estarían seguros. Al llegar los soldados sin embargo, estos llegaron atemorizando a la población por medio de amenazas asegurando que en ese lugar se encontraban los guerrilleros cuando realmente en épocas anteriores la población había ayudado a los soldados por medio del comercio y se mantuvo alejada de la guerrilla para evitar exponerse a peligros ante los soldados (Ídem) (Moshman, 2006).
A partir de esto, Chomsky (2012, pág. 40), afirma que en esta operación BIRI Atlácatl llevo a cabo una “orgia de asesinatos, violaciones e incendios…bombardeó de varias aldeas y masacró a cientos de civiles más, fusilándolos, ahogándolos o usando otros métodos. La mayoría de sus víctimas fueron ancianos, mujeres y niños.”
            A pesar de los esfuerzos de la Fuerza Armada por no dejar sobrevivientes y porque la historia no saliera a la luz, para el 17 de diciembre de ese año, Santiago, miembro de la Radio Venceremos, visitó el lugar y dio a conocer por medio de la radio el hecho de que el batallón Atlácatl masacró a mil civiles así, se empezó a buscar el hacer conocer la historia internacionalmente pues el gobierno salvadoreño estaba violando los Derechos Humanos, de este modo, para el 28 de Enero de 1982 la noticia sobre esta masacre era presentada en países como Estados Unidos en el “The New York Times” mientras que para el 19 de diciembre de 1981, medios de comunicación nacionales como La prensa gráfica reportaban que la “Operación Rescate” había concluido y se había logrado recuperar Morazán pues grupos “extremistas” habían estado sembrando pánico entre los campesinos (Amaya, Danner, & Heríquez, 2014).
            Asimismo, desde 1992, tras los Acuerdos de Paz, grupos de antropólogos forenses extranjeros han estado trabajando en recuperar e identificar los restos de las personas masacradas en El Mozote y sitios aledaños lo cual ha permitido reconocer hasta el 2008 una totalidad de 819 individuos divididos en ocho diferentes sitios, entre ellos se encuentran personas que van desde los dos meses de edad hasta personas de la tercera edad (Ídem) (Informe de Tutela Legal del Arzobispado de San Salvador, 2008).

Conclusión

            A través de la información expuesta ha sido posible comprender que a raíz de la guerra civil salvadoreña se perdieron muchas vidas y en el caso de El Mozote, la totalidad de las vidas perdidas pertenecían a civiles quienes hasta el momento no se ha identificado información que les vincule a grupos ni de izquierda ni de derecha por lo que es posible asegurar que durante la guerra la Fuerza Armada salvadoreña cometió crímenes sin fundamentos lo cual conllevo a que tres meses después de la firma de los Acuerdos de Paz, se creara el Comité “Madeleine Lagadec” el cual busca recopilar testimonios de las violaciones a los derechos humanos ocurridos durante el conflicto civil salvadoreño (Centro para la Promocion de los Derechos Humanos "Madeleine Lagadec", 2007).
            De esta forma ha sido posible la identificación de 35 masacres contra civiles ocurridas en un transcurso de 12 años en el territorio salvadoreños, entre ellas es posible mencionar: Masacre de El Zacamil, Masacre de Girón, Masacre de Copapayo, Masacre del Rio Sumpul, entre otras (Ídem, 2007).

            Debido a ello, es posible comprender la necesidad de llevar a cabo trabajos tanto arqueológicos como antropológicos dado a que con base a lo planteado por Ortiz-Mejía (2015), la arqueología es parte del procedimiento de la investigación llevada a cabo en El Mozote actualmente, pues dentro de la fase de excavación de los restos y la exhumación de ellos o de material asociado, es posible comprender el contexto de la fosa y por este medio obtener una interpretación de cómo llegaron los restos a ese lugar. Asimismo, esta investigación se complementa también por una investigación antropológica social y física.

Referencias

"Domingo Monterrosa". (2011). Obtenido de Monterrosa vive: http://www.domingomonterrosa.com/about-us/
Alexander, C. (2014). China and Taiwan in Central America: Engaging Foreign Publics in Diplomacy. New York: St. Martin´s Press LLC.
Amaya, R., Danner, M., & Heríquez, C. (2014). Luciernagas en El Mozote. San Salvador: Museo de la Palabra y la Imagen.
Binford, L. (1996). The El Mozote Massacre: Anthropology and Human Rights. Tucson: The University of Arizona Press.
Cabrera, M. (2012). Piruetas. Bloomington: Palibrio.
Ceberio, J. (25 de Octubre de 1984). El Pais: Internacional. Obtenido de La guerrilla causa la muerte del mejor estratega del ejército y de otros siete oficiales salvadoreños al derribar un helicóptero: http://elpais.com/diario/1984/10/25/internacional/467506801_850215.html
Centro para la Promocion de los Derechos Humanos "Madeleine Lagadec". (2007). Masacres: Trazos de la historia salvadoreña contados por las victimas. San Salvador: Centro para la Promocion de los Derechos Humanos "Madeleine Lagadec".
Chomsky, N. (2012). Cómo funciona el mundo: conversaciones con David Barsamian. Buenos Aires: Capital Intelectual S.A.
González, R., & Mason, A. (2010). Colombia y el hemisferio frente al nuevo orden global. Barranquilla: Ediciones Uninorte.
Guillermoprieto, A. (2012). La masacre del Mozote. Penguin Random House Grupo Editorial: España.
Informe de Tutela Legal del Arzobispado de San Salvador. (2008). El Mozote: Lucha por la verdad y la justicia. San Salvador: Tutela Legal del Arzobispado de San Salvador.
López, J. (2008). Las Mil y una historias de Radio Venceremos. San Salvador: UCA Editores.
Martínez, O. (2011). El Salvador: Las Negociaciones de los Acuerdos de Paz (1990-1992). San Salvador: Editorial Nuevo Enfoque.
Martínez-Peñate, Ó. (2008). El Salvador, el soldado y la guerrilla. San Salvador: Editorial Nuevo Enfoque.
Moshman, D. (2006). The Daughters of the Plaza de Mayo. Lincoln: iUniverse.
Ortiz-Mejia, B. (2015). Historia de la Antropologia Forense en El Salvador: El Mozote y Lugares Aledaños vs. El Salvador. En FOESA, Memoria X FOESA (págs. 70-76). San Salvador: Multilibros.
Van Der Borgh, C. (2003). Cooperacion externa, gobierno local y rexonstruccion posguerra. Amsterdam: Rozenberg Publishers.



miércoles, 8 de junio de 2016

Parque Arqueológico El Caño Nata, Panamá.

Datos de la autora: 
Katherine L. García 
Estudiante de Licenciatura en Arqueología 
San Salvador, 2016

Introducción
            El sitio arqueológico El Caño Nata se sitúa en el distrito de Nata, provincia de Coclé, Panamá. Se ubica a unos 117 kms. de la ciudad capital. Actualmente, el sitio cubre unas 8 hectáreas las cuales han sido investigadas desde 1926 por diferentes arqueólogos (Instituto Nacional de Cultura, s.f.).
Dado a que desde un inicio el sitio presentó diferentes montículos tallados en piedra, artefactos elaborados en oro, estructuras con una posible función ceremonial y otras asociadas a una función doméstica, arqueólogos como Hyatt Verrill empezaron a realizar excavaciones en el sitio entre 1926 y 1927 dado a que el área en la cual se sitúa El Caño, es posible observar los rasgos culturales e históricos de toda la provincia de Coclé, área habitada desde el 400 a.C. por poblaciones cazadoras y agricultoras ubicadas en el área cultural actualmente conocida como Área Intermedia o Baja Centroamérica (ArqueotouR, 2008) (Constela, 1991).


El Caño
            El sitio arqueológico El Caño se ubica en la provincia actualmente conocida como Coclé, Panamá lo cual lo sitúa en el área cultural denominada “Área Intermedia”. Este sitio destaca por su singular estilo escultórico, por presentar estructuras arqueológicas en piedra y también por los entierros que se han encontrado más recientemente en el sitio (Mayo & Mayo, 2013).
Área Intermedia
Se conoce como “Área Intermedia”, “Circuncaribe” o “Baja Centroamérica (BC)” al área cultural americana que geográficamente se sitúa en la zona que abarca desde el oriente de Honduras hasta la mitad occidental de Colombia, el occidente de Venezuela y las tierras altas y la costa de Ecuador (Constela, 1991).
Según Gordon Willey (1971, citado en López, 1995), esta área se caracteriza por presentar evidencia arqueológica que vincula a su población con actividades agrícola como la yuca y el maíz y que permiten conocer una estratificación social basada en asentamientos de aldeas y una cultura material basada principalmente en artefactos fabricados con arcilla y piedra tallada. Asimismo, se menciona que las poblaciones precolombinas de esta área manipulaban metales como el oro pero en un menor grado que la arcilla y la piedra.
En cuanto a procesos culturales como los entierros, Willey (1971) propone que estos variaban entre urnas, pozos y diferentes ajuares acompañados por ofrendas cerámicas y líticas.
Constela (1991), propone cinco periodos principales para el Airea Intermedia: Periodo Pre cerámico (7000-3000 a.C.), el Periodo Cerámico Temprano (3000-1500 a.C.), el Periodo Formativo (1500-500 a.C.), el Periodo de Desarrollo Regional (500 a.C.-500 d.C.) y el Periodo Tardío (500-1550 d.C.).

Antecedentes del sitio
            El sitio arqueológico El Caño fue excavado por primera vez por el explorador Hyatt Verrill en 1926, financiado por Heye Foundation, con quienes buscaba obtener piezas de colección para el Museo del Indio Americano en Nueva York. Posteriormente, la Heye Foundation retiró su apoyo para el proyecto por lo cual Verrill buscó financiación en el Museo Americano de Historia Natural de Nueva York donde al igual que con el Museo del Indio Americano, Hyatt transportó artefactos encontrados en El Caño (Fundacion El Caño, 2016).
            Según la Fundación El Caño (2016), actualmente las piezas que transportó Hyatt a los Estados Unidos, se encuentran en el Cultural Resource Center del Instituto Smithsonian en Washington D.C.
            A pesar de que en la actualidad es ilegal el transportar piezas de un país a otro de forma permanente o sin autorización, esta ley fue adoptada por las Naciones Unidas hasta 1977 quienes proponen también que las piezas tomadas de su país de origen no deben ser devueltas. Debido a ello, en la actualidad en el sitio arqueológico El Caño se cuenta solo con una parte de las esculturas que transporto Hyatt en 1926 entre las cuales destacan rostros, columnas y megalitos por lo cual lo que quedo en el sitio fueron piezas de basalto de gran tamaño lo cual pudo haber sido el impedimento de Hyatt para transportar estas piezas fuera del sitio (Jackson, 2007).
            Posteriormente, en los años cincuenta, el sitio fue excavado por Gerald Doyle quien encuentra un entierro cerca de una de las estructuras alineadas de monolitos. Dentro de esta temporada de excavación se encontraron a cinco metros al suroeste delas filas de esculturas, nueve osamentas las cuales dos tenían asociadas 37 cuentas de oro y cinco pequeñas placas de 3 a 4 cm de diámetro (Mayo & Mayo, 2013).
Para 1973, el ingenio azucarero La Estrella, tras preparar el terreno para la siembra de caña de azúcar (lo cual impulsó la perdida de innumerables datos arqueológicos e histórico) delimitan el sitio a las 8 hectáreas que lo conforman actualmente e impulsan trabajos de rescate arqueológico de parte de la Dirección Nacional de Patrimonio Histórico de Panamá (Instituto Nacional de Cultura, s.f.) (Fundacion El Caño, 2016).
Entre 1975 y 1979 la Organización de Estados Americanos patrocina excavaciones lo cual permite que para el 29 de diciembre de 1979 se funde el parque arqueológico, pues durante ese mismo año científicos de los Estados Unidos emplearon una técnica de rayos infrarrojos que permitió localizar otros entierros precolombinos del sitio y por ello se da paso a la excavación de una tumba la cual está compuesta por piezas cerámicas, oro, piedras y restos óseos lo cual es expuesto actualmente en el museo del sitio. Durante estas temporadas también se identifican los montículos M3 y M4 (Instituto Nacional de Cultura, s.f.)(Fundación El Caño, 2016).
Según Mayo & Mayo (2013), durante las décadas de los setenta y ochenta se exploraron doce montículos al oeste del grupo de alineaciones, una calzada y un grupo de esculturas de las cuales se destruyeron ocho por la maquinaria agrícola ingresada a la zona en 1973.
En 1980, Lleras y Barillas (1980, citado en Mayo & Mayo, 2013) realizan la excavación de 16 entierros uno de los cuales se sitúa en el montículo M3 y se encuentra acompañado por ofrendas cerámicas y líticas.
Para 1988, el arqueólogo panameño Carlos Fitzgerald realiza excavaciones en los montículos M3 y M4 lo que permite conocer la relación existente entre el Sitio Conte y El Caño lo cual interpreta como un mismo centro ceremonial regional que desempeña multifunción entre doméstica y ceremonial. Asimismo, Fitzgerald estudia la estratigrafía del área y le otorga un fechamiento al sitio (Fundación El Caño, 2016).
Carlos Mayo y Julia Mayo después de haber realizado una prospección arqueológica en el área en la cual se sitúa El Caño durante el año 2005, realizan una prospección geofísica lo que los conduce a realizar la excavación de cuatro trincheras entre el 2005-2006. Estas trincheras alcanzan una profundidad de 1.5 metros y a pesar de lo que señalaron los resultados de la prospección, no se encontraron estructuras (Mayo & Mayo, 2013).
Luego, en el año 2007, Carlos Mayo y Julia Mayo obtienen financiamiento de la SENACYT, viajan a los Estados Unidos y realizan un inventario de las esculturas de El Caño que fueron trasladadas a principios del siglo XX. Esto les permite llevar a cabo un análisis iconográfico del conjunto  el cual es interpretado como una representación de las actividades que se realizaban en el complejo funerario durante los rituales del mismo (Fundacion El Caño, 2016).
Mayo & Mayo (2013), continúan sus trabajos de excavación para poder identificar las anomalías encontradas en la prospección geofísica y concluyen en que estos son efectos de la topografía del área ya que esta zona de llanuras presenta un clima tropical estacional en la cual las precipitaciones se encuentran relacionadas a los vientos. De este modo, entre abril y diciembre se observa una estación lluviosa mientras que entre enero y marzo se desarrolla un ambiente seco.
Recientemente, Jiménez (2015) afirmó que tras meses de excavación el arqueólogo e historiados Carlos Mayo junto a la doctora en antropología americana y arqueóloga, Julia Mayo, encontraron restos óseos de cerca de 40 individuos acompañados de 500 piezas cerámicas. Asimismo, se afirma que por medio de la investigación de los Mayo ha sido posible comprender mejor sobre los Coclé, población que residió en esta zona.

Cronología del sitio
Como se planteó previamente, durante las excavaciones de 1988, el arqueólogo panameño Carlos Fitzgerald data el sitio El Caño al cual le otorga una cronología entre el Periodo Cerámico Tardío B (900-1100 d.C.) y el Periodo Cerámico C y D (1000-1520 d.C.) es decir, el sitio pertenecería al Periodo Tardío (500-1550 d.C.) propuesto por Constela (1991). Durante esta temporada se le atribuye también que en el Periodo Cerámico C y D el sitio presentó una etapa constructiva de viviendas por lo que la función del sitio debió ser doméstica (Mayo & Mayo, 2013) (Fundacion El Caño, 2016).

Función
A pesar de que Carlos Fitzgerald (2016) le otorga al sitio una multifunción entre doméstica y ceremonial, en investigaciones más recientes Mayo & Mayo (2013) proponen que El Caño realmente desempeñó una función asociada a un cementerio de élite utilizado entre 700-1000 d.C. pues según sus estudios basados en 6 tumbas de El Caño han logrado observar un patrón en la organización del espacio ocupado por los entierros lo cual se encuentra a su vez compuesto por un área construida, destinada a la práctica de rituales funerarios. Esto ha permitido conocer más sobre la estratificación social de la época la cual ha sido interpretada como una división política con base a jefaturas dentro de las cuales existía una elite lo cual puede ser reflejado en artefactos elaborados en oro como pectorales y brazaletes.
ArqueotouR (2008), atribuye entonces a El Caño la construcción de montículos que inicialmente eran viviendas y posteriormente desempeñaron una función de entierros. Asimismo, es posible que se le atribuya al sitio una función ceremonial pues se considera que las estructuras basálticas encontradas en 1926 por Hyatt desempeñaran esta función dado a que el sitio se encuentra dividido en dos secciones, una en la cual se ubican estas columnas basálticas y otra en la cual se sitúan los montículos mortuorios de tipo funerario.
Sin embargo, para Cooke & Sánchez (2004), El Caño era un sitio ceremonial  que se reservaba para eventos específicos de la elite a los cuales también asistían miembros de las comunidades tales como el juego de la balseria, peleas y bailes.
A partir de lo previamente planteado es posible afirmar que el sitio El Caño tuvo una función asociada principalmente a rituales fúnebres de la elite principalmente pero que su función pudo haber estado relacionada también a prácticas ceremoniales y domesticas dentro de los diferentes periodos en los cuales se desarrolló esta población.
Según evidencia de artefactos elaborados en metales como el oro ha sido posible afirmar que este sitio era ocupado por población de la elite pues gran parte de los entierros se han encontrado acompañados por estos artefactos lo cual reafirma que el sitio pudo haber sido un cementerio de la elite. Esto es también afirmado por las excavaciones de los Mayo en el 2011, investigación en la cual se encontró un entierro múltiple en el que uno de los individuos cuyos restos se encontraron como en un baño de oro lo cual parece indicar que podría haber sido un jefe y se encontraba acompañado por alrededor de 25 individuos quienes podrían haber sido cautivos de guerra sacrificados (Owen, 2011)

Conclusión
            El sitio arqueológico El Caño a pesar de no ser el único ubicado en la provincia de Coclé, presenta una gran importancia pues es uno de los dos sitios arqueológicos ubicados en el área que presenta evidencia arqueológica que le da una función asociada a ritos funerarios. Es importante también tener en cuenta los monumentos basálticos que se han encontrado en el sitio y que actualmente una gran parte se encuentra en museos estadounidenses. Debido a ello, Jackson (2007), propone que lo mejor tanto para Panamá como para estos museos seria el que las cabezas de las estructuras decapitadas en 1926 regresaran a las columnas basálticas a las que pertenecen y que en los museos estadounidenses se muestren réplicas de ellos, es posible también que se elaboren réplicas de las cabezas y que estas sean incorporadas a sus respectivas bases en el sitio El Caño, es decir que en el sitio se presenten partes originales como replicas.
Personalmente, considero que lo que podría beneficiar a ambas partes es que algunas cabezas sean devueltas y que se creen réplicas de algunos cuerpos en los museos para que las personas que visiten estos museos comprendan a qué lugar pertenecen y que para otras esculturas del sitio se creen réplicas de cabezas a modo que las personas que visiten El Caño puedan entender que estas piezas están incompletas.
Asimismo, considero que es necesario el llevar a cabo más investigaciones de parte de diferentes arqueólogos pues recientemente estas investigaciones han estado inclinadas a los intereses de los Mayo y a pesar de que ellos han realizado un trabajo bastante sistematizado y completo, el incorporar interpretaciones de otros investigadores permitirían conocer más sobre las dinámicas sociales que se desarrollaron en el área.
Me resulta importante en específico este sitio pues de acuerdo a su periodización, su ocupación empieza el año 900 d.C., época en la cual el área vecina, Mesoamérica, estaba atravesando por varios cambios pues una de las civilizaciones más representativas del área, la maya, colapsó después de cientos de años de apogeo por lo que sería interesante estudiar las dinámicas sociales del Área Intermedia durante esta época.



Referencias

ArqueotouR. (2008). ArqueotouR: Parque Arqueológico El Caño y Museo. Obtenido de Parque Arqueológico El Caño y Museo: http://www.arqueotur.org/yacimientos/parque-arqueologico-el-cano-y-museo.html
Constela, A. (1991). Las Lenguas del Area Intermedia: Introduccion a su estudio areal. San José: Universidad de Costa Rica.
Cooke, R., & Sánchez, A. (2004). Panama indigena: 1501-1550. En A. Castillero, Historia General de Panamá (págs. 47-78). Bogota: Digital Designs Groups, Inc.
Fundacion El Caño. (2016). Fundacion El Caño: El Caño. Obtenido de El Caño: http://www.fundacionelcano.org/index.php/el-parque/
Instituto Nacional de Cultura. (s.f.). INAC: Museo del Parque Arqueológico El Caño. Obtenido de Museo del Parque Arqueológico El Caño: http://www.inac.gob.pa/museos/108-el-cano
Jackson, E. (3 de Junio de 2007). Travel: A vandalized remnant of our pre-Columbian past. Obtenido de A vandalized remnant of our pre-Columbian past: http://web.archive.org/web/20141013050119/http://www.thepanamanews.com/pn/v_13/issue_11/travel_01.html
Jiménez, K. (22 de Abril de 2015). La Prensa: Hallan 500 piezas de cerámica prehispanica en El Caño. Obtenido de Hallan 500 piezas de cerámica prehispanica en El Caño: http://www.prensa.com/cultura/Arqueologos-Cano-hallan-ceramica-prehispanica_0_4191331006.html
Mayo, J., & Mayo, C. (2013). El descubrimiento de un cementerio de élite en El Caño: Indicios de un patrón funerario en el Valle de Río Grande, Coclé, Panamá. Arqueologia Iberoamericana 20, 1-27.
Owen, J. (23 de Diciembre de 2011). National Geoggraphic: "Golden Chief" Tomb Treasure Yields Clues to Unnamed Civilization. Obtenido de "Golden Chief" Tomb Treasure Yields Clues to Unnamed Civilization: http://news.nationalgeographic.com/news/2011/12/111221-gold-panama-cano-chiefs-tombs-science/


domingo, 8 de mayo de 2016

Análisis crítico sobre "La arqueología como ciencia" de Matthew Johnson (2000)

Datos de la autora: 
Katherine L. García 
Estudiante de Licenciatura en Arqueología 
San Salvador, 2016
La Arqueología es una ciencia que estudia los cambios sociales y culturales del ser humano por medio de los restos materiales por lo que a diferencia de muchas otras ciencias, como la antropología, filosofía, química, la arqueología se ve constantemente en un debate en sí debería o no ser considerada una ciencia.
En el capítulo 3 del libro “Teoría Arqueológica. Una Introducción” de Matthew Johnson, se realiza una discusión sobre lo que conlleva a una ciencia, los aportes que estas han traído, las diferentes formas de ciencia y una discusión de la arqueología como una ciencia.
Johnson (2000), si bien realiza los planteamientos previamente mencionados, en ninguna parte del capítulo hace mención de lo que es exactamente es la “ciencia” para él, a pesar de ello, menciona que esta se encuentra vinculada en algunos casos al uso de métodos y técnicas científicas. Asimismo, expone diferentes puntos de vista sobre la percepción existente sobre el concepto.
Sin embargo, considero que al hablar de la arqueología como una ciencia es de vital importancia la formulación de un concepto de la ciencia, ante esto tomare prestado el concepto de ciencia planteado por el Diccionario de la Real Academia Española (DRAE, 2014) que propone a la ciencia como un conjunto de conocimientos que se obtienen a través de la observación y el razonamiento estructurado de forma sistemática y de la cual se deducen leyes y principios generales. Posteriormente, se expone también el concepto ciencia asociado a las ciencias naturales como la geología, zoología, química, etc. cuyo objeto de estudio es la naturaleza mientras que las ciencias humanas como la antropología, psicología, filosofía, etc.  estudian los elementos vinculados al ser humano que no estudian las ciencias naturales.
De la misma forma, Merino (1987), plantea que toda ciencia tiene presente como meta la elaboración de una teoría mediante la cual se logre obtener una imagen completa del mundo físico el cual brinde un esquema conceptual que explique los fenómenos que se pueden observar y estos estarán expresados a través de hipótesis, principios y leyes.
            En contraste a los conceptos de ciencia previamente planteados, el arqueólogo David Clarke plantea que el uso de técnicas científicas “no hace de la arqueología una ciencia de la misma manera que una pata de palo no convierte a un hombre en árbol”. Asimismo, la arqueóloga Jacquetta Hawkes propone que en arqueología “por más que los métodos empleados sean científicos, el objetivo final es de naturaleza histórica” (citados en Johnson, 2000, pág. 57).
            Me parece interesante que tanto Clarke como Hawkes vean así la arqueología teniendo en consideración que ambos eran arqueólogos pues a pesar de mostrarme de acuerdo con Johnson (2000) al mencionar que el uso de técnicas científicas no implica el uso de un método científico, estoy en desacuerdo en que el hecho de la utilización de elementos como una bata blanca sean característicos de un científico pues considero que la percepción de la arqueología como una ciencia no debería ser fundamentada en eso sino en que se trabaja con diferentes principios, teorías, enfoques y métodos.
Si bien, me muestro de acuerdo con el hecho de que el tomar prestado conceptos de otras ciencias o disciplinas puede ser provechoso tanto como perjudicial, tomando en consideración los conceptos planteados previamente y el hecho de que la arqueología es sumamente compleja y actualmente se encuentra tan diversificada, no veo el por qué no se le debería de considerar una ciencia.
Dentro de los planteamientos de Johnson (2000) se propone que muchos arqueólogos veían imposible la formulación de leyes formales que afectaran a las poblaciones en cualquier momento y lugar por lo que ante esto se ha recurrido constantemente a la generalización de ideas.
Personalmente, considero que es importante el reconocer que en las conclusiones a las que se han llegado en una investigación no se debería generalizar siempre, opino que de hacerlo se debe haber realizado una investigación bastante exhaustiva que respalde la investigación. De la misma forma, considero que si se generaliza, se debe de definir a que grupo social se aplica la investigación, la región y el periodo, de este modo la generalización estará limitada por elementos que rectificaran su validez.
Johnson (2000, pág. 64) propone que “La ciencia se basa en la comprobación y en la observación de resultados. El pasado, sin embargo, está enterrado, ya no existe. Nunca podremos observarlo directamente”. Ante dicha idea, me muestro de acuerdo en los fundamentos de la ciencia pero ese es el único elemento en el que me muestro de acuerdo debido a que si bien, el pasado puede estar enterrado, la arqueología cuenta con una gran diversidad de métodos para recuperar este pasado, para desenterrarlo de una forma muy sistemática, la cual si bien es cierto que puede llegar a considerarse destructiva, se realiza cuidadosa y metodológicamente por lo que considero que es posible la recuperación de esta información que nos permita conceptualizar e inclusive en algunos casos llegar a observar este pasado aunque no de una forma tan fácil o clara como ciencias como la química, pues sí ciencias como la psicología son consideradas como ciencia cuando su objeto de estudio es la pskykhé o mente humana, lo cual a mi parecer es algo que no se puede observar, no considero que la arqueología como ciencia debería ser cuestionada o desvalorizada.
Asimismo, Johnson (2000), esboza que elementos como la constitución de hechos válidos y observaciones, dependen del paradigma vigente y que dichos hechos están vinculados a la función de la teoría. Frente a esta idea concuerdo con Johnson pues considero que el planteamiento de una observación, hecho o hipótesis dependerá del investigador así como de la teoría que este maneje, de su perspectiva y el objetivo de su investigación.
En conclusión, considero que la arqueología debería ser considerada una ciencia siempre y cuando  el arqueólogo utilice métodos, teorías, leyes e hipótesis para sus planteamientos y que a pesar de ser una ciencia que estudia la historia del ser humano, realice sus estudios teniendo en consideración la complejidad del ser humano y la gran diversidad de aproximaciones existentes para llevar a cabo un estudio arqueológico.

Referencias

Española, R. A. (Octubre de 2014). Diccionario de la Real Academia Española: Ciencia. Obtenido de Ciencia: http://lema.rae.es/drae/?val=ciencia
Johnson, M. (2000). Teoria Arqueologica. Una Introduccion. Barcelona: Editorial Ariel.
Merino, J. (1987). Ciencia filosofía y existencia. Madrid: Ediciones Encuentro.



El sitio arqueológico Caserío El Hotel: Un acercamiento a su juego de pelota

Datos de la autora:  Katherine L. García  Arqueóloga  San Salvador, 2018 Localizado en el Departamento de San Miguel,El Salvador, a...